En toda empresa siempre hay una persona que es más conocida que el resto. Siempre hay una persona que despierta más amor que otras. Siempre hay una Dorotea, o una ‘Doro’ como le decimos acá a “la señora de los tintos”. Pero ‘Doro’ no es la señora de los tintos, ¡es mucho más que eso! Es una jefa. Es como la dueña del edificio. ¡Es la patrona! Doña Dorotea debería ser para muchos, porque lo único que ‘Doro’ inspira es respeto. Su metro con cincuenta y pico no son impedimento para que esta hermosa señora de piel trigueña, pelo corto y aproximadamente cincuenta y tantos años sea la persona más reconocida de estos seis pisos.
Todos saben quién es Dorotea, así muchos no sepan quién es ‘Luchis’.
La otra vez tuve la oportunidad de intercambiar palabras con ‘Doro’ a la hora del almuerzo. Palabras que iban más allá del:
— "¿Y usted qué va a tomar, muchacho?"
— Un latte, Doro. Gracias.
La otra vez ‘Doro’ me contó que llevaba 33 años en esta empresa. ¡33! Que cuando había empezado, la empresa no quedaba en donde es actualmente sino por los lados de la Javeriana llegando al Parque Nacional, y sólo era un piso, no seis como hoy.
Cuando hace algunos meses entré a esta empresa, tuve la impresión de que este es un lugar en donde la gente crece. Un lugar en donde la gente buena llega lejos.
Dorotea, en 33 años, conoció a todo el mundo y todo el mundo la conoce a ella. Dorotea en 33 años pasó de ser "la señora de los tintos" a ser la jefa de las otras señoras de los tintos. Muy poco, creo yo. Lo que uno esperaría de ‘Doro’, en todo este tiempo, es que fuera la Directora de Recursos Humanos, o algo semejante. Pero no.
La pregunta que queda en el aire es ¿por qué? ¿Por qué nadie en este lugar se animó a decirle a ‘Doro’ que estudiara para que creciera? ¿O sí lo harían y ella no quiso? Se supone que este es un lugar en donde la gente buena llega lejos...
Esas son algunas de las dudas que me quedan respecto a ese bello personaje tan respetado y admirado por todos. Dudas que espero resolver algún día.