El fin de los tiempos ya se aproxima. El conocimiento científico y la soberanía del poder ya hicieron de las suyas en más de 25 mil años de existencia humana.
Desde el principio de los principios y en las más antiguas metáforas existentes, como es el caso de la Biblia católica, el hombre siempre ha tenido curiosidad por lo lejano, por lo oscuro, por lo que no le pertenece… por lo prohibido.
Cuando Dios creó al hombre y a la mujer, también “hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal”, según explica el Génesis.
La libertad del hombre y su compañera era total. Dios les había dado rienda suelta para disfrutar del paraíso, comer y saborear los más finos y deseados frutos de cualquier árbol del edén. Pero sólo imponía una condición: no comer ningún fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal.
La sentencia fue dictaminada desde el mismo momento de la creación del hombre: “De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”, dijo Dios.
¿Y murió?... lo hace, pero lentamente más 5 mil años después.
Ahora, para hablar de realidades y certezas, y poder compararlas con las metáforas bíblicas, tenemos que remontarnos al siglo XV en Europa Occidental. Pero antes tenemos que referenciar un periodo oscuro y limitado para el hombre entre el siglo V y el XV: La Edad Media.
Cuando cayó el Imperio Romano de Occidente, todo pareció nublarse. Un tinte espeso apoderado por el smoke, el silencio obligado de los no creyentes y el poderío cristiano-católico, eran sólo algunas de las características de este periodo tardío de transición donde el conocimiento se atribuía a un solo ser nunca antes visto: Dios.
El teocentrismo era la principal característica de la Edad Media. Pero esto no duraría para siempre. Diez siglos ya habían sido suficientes. Y el italiano Cristóbal Colón ya se había embarcado en un viaje con inesperado fin, que lo llevaría a descubrir mucho más que un gran tesoro.
El conocimiento llegaría a Europa importado desde tierras lejanas. 1492 era el año cumbre en el cual se cerraba un periodo oscuro y se daba apertura a uno brillante, quizás, el más brillante de la historia: El renacimiento.
El árbol de la ciencia del bien y del mal aparecía nuevamente. Esta vez para darle de comer sus frutos a cuanto hombre se le cruzara por enfrente. Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Sir Isaac Newton y Miguel de Cervantes eran sólo algunos de los personajes más adictos a la fruta prohibida.
El desfase intelectual renacentista fue tal, que aun La Gioconda sigue mirándonos fijamente a los ojos mientras se ríe maliciosamente como queriendo decirnos algo, como ocultándonos una verdad.
El hombre había comido del árbol de la ciencia del bien y del mal, como lo había predicho la Biblia Católica milenios atrás. En ese entonces, el sol alumbraba de frente y en todo su esplendor. Con el paso de los siglos llegaría el ocaso.
Conocimiento vs Poder
El hombre siempre ha querido más de lo que tiene. La inconformidad es un estado natural en él. Y las ansias de dominio y poder son una constante.
No obstante, ¿cuál es la relación que hay entre conocimiento y poder? Una, de la que sí estoy seguro, es que el conocimiento de por sí ya es tremendamente poderoso. Pero si se trata de hallar una relación matemática entre estas dos variables, sería incorrecto afirmar que el poder es directamente proporcional al conocimiento. O en el caso contrarío, decir que es inversamente proporcional también es erróneo.
Ya que, no necesariamente las personas con más conocimiento son las más poderosas. Digámonos la verdad: sólo por poner un ejemplo, en Colombia, casi todos los miembros de la oposición son insulsos. Pongamos el caso de Gustavo Petro, un hombre que ayudó a elegir a un procurador de ultra derecha; que dejó de ir al debate contra el ministro de Agricultura porque le dolía un testículo, y que, más grave que todo lo anterior, usa vestidos negros con corbata blanca. Todo lo que hace Gustavo Petro queda a medias.
Ahora, también está mal suponer que el conocimiento es sinónimo de inteligencia. Siguiendo con Petro, hay que decir que es un hombre cargado de conocimiento. No por esto, tenemos que suponer que sea tremendamente inteligente.
Los actos inteligentes conllevan a consecuencias inteligentes. En el caso del militar, político, líder, ideólogo y fundador del Partido Nacionalista Alemán de los Trabajadores, Adolf Hitler (My Führer, como le decían algunos sobrecargados y atrofiados de conocimiento), se excedió en los radicalismos y en su ideología ultraconservadora. Al menos, es mi manera de ver las cosas.
Un holocausto que dejo sin vida a 6 millones de judíos fue el resultado de la ideología nazista. Un acto prepotente; como cuando Montgomery Burns (el narizón, dueño de la planta nuclear, en la serie animada Norteamérica The Simpsons) quiso tapar el sol y creer que su planta nuclear era más poderosa que la mayor fuente de energía electromagnética de nuestra galaxia; definitivamente son actos con sobrecarga de conocimiento pero poco inteligentes.
Y así es el poder: una masa difícil de sobrellevar, una carga que le pesa a cualquier humano desde que comió ese fruto que no debía pasar por su garganta.
El poder me recuerda a Otto Octavius (uno de los más acérrimos archirrivales de Spiderman), durante el capítulo en el que se transforma en el Doctor Octopus, por las ocho extremidades (brazos) metálicas que le quedaron incrustadas en su espalda después de no poder controlar una gran cantidad de moléculas de energía nuclear. Él es una fiel muestra de lo que es el hombre, que no le alcanza para dominar grandes sobrecargas de conocimiento. Por eso, Dios advirtió “De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.
La hora de las dificultades
Querer ser más que los demás en aras de alcanzar el poder es una constante ayer, hoy, mañana y hasta el fin de nuestros días. Las cosas empezaron desde que Caín mató a Abel. Y así continuó la historia hasta hoy.
Y demos inició a la destrucción del hombre…
Round one: la Revolución Francesa, fue uno de los conflictos político-sociales más grandes de la historia. La lucha de las ideologías que enfrentó a partidarios y opositores del sistema denominado Antiguo Régimen dejó como saldo el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799.
Maximilien François Robespierre, un político francés (apodado’ El Incorruptible’ por su dedicación a la Revolución y por su resistencia a los sobornos) lideró la Revolución Francesa. Pero al final, su oposición se vio castigada en la Guillotina. Y así como él murieron miles de personas durante el Régimen del Terror.
Round two: más de 10 millones de bajas dejó como saldo durante la Primera Guerra Mundial con más de 60 millones de soldados europeos movilizados desde 1914 hasta 1918.
Round three: Suenan bombas de poder cargadas de conocimiento. El árbol de la ciencia del bien y del mal había dado sus frutos. El peor ataque de la historia ya era una realidad. La soberbia del conocimiento había carcomido las conciencias norteamericanas. Hiroshima y Nagasaki ardían en llamas.
El 6 y 9 de agosto de 1945, es una fecha memorable en la que no hay absolutamente nada que festejar. La ciencia había rebasado sus límites. Las bombas habían matado a 140 mil personas en Hiroshima y 80 mil en Nagasaki. “Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia (231 casos observados) y distintos cánceres (334 observados) atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas.”, según el Departamento Nacional de Estadística de Japón.
Conocimiento y poder una combinación, literalmente, explosiva, dañina y perjudicial para el ser humano.
Las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Expertos aseguran que las potencias mundiales almacenan cargamento de armas biológicas que detonarán en cualquier momento a la espera de la tercera guerra mundial. La gripe AH1N1… ¿Casualidad? Pueda que sí. Pero aun la profecía divina no se cumple del todo. Seguimos esperando a que el árbol de la ciencia cumpla del todo su efecto genocida y que la Gioconda algún día pare de reír.

Excelente texto, excelente analogía.
ResponderEliminar¡Y con una obra de Klimt! :)