Las Calabazas Aplastantes estaban de vuelta y por primera vez visitaban Colombia. Billy Corgan, líder de la banda y único sobreviviente de la alineación original, quería entregarle al público bogotano lo mejor de sí, y lo hizo a través de 20 temas.
Una tarde lluviosa fue la encargada de recibir a la banda estadounidense en Bogotá. El coliseo El Campín aguardaba por unas de las bandas más representativas de la década de los noventa. Pero, para melancolía de muchos, James Iha (guitarra), D'arcy Wretzky (bajo) y Jimmy Chamberlin (batería) ya no acompañaban al emblemático Corgan.
Poco más de 6.000 personas llegaron hasta el escenario que acogía a los Smashing. Un público eufórico y sediento de rock alternativo aguardaba por la presencia de Billy Corgan y sus nuevos acompañantes.
A primera hora se presentó Black Memory, una banda bogotana de rock que tuvo buena acogida entre los asistentes. Los teloneros fueron aplaudidos y la gente disfrutó, sobretodo, con el cover ‘Jeremy’ de otra emblemática banda noventera: Pearl Jam. Pero, los problemas característicos del mal sonido en el Coliseo se vislumbraban…
El reloj marcaba las 7:40 de la noche cuando, de forma pausada y con una luz azul tenue que iluminaba el escenario, aparecieron los Smashing Pumpkins. Corgan y el resto de los integrantes tomaron posición y esperaron la orden de Billy para empezar con ‘The Felowship’, primera canción del volumen 2 del nuevo disco de la banda Teargarden by Kaleidyscope.
¿Hasta cuándo tendremos que soportar los conciertos en el coliseo El Campín? Como era de esperarse, el sonido no era el mejor y la deficiente acústica del Coliseo estuvo a la orden del día. Corgan lo notó, por eso su malestar al principio del recital. Sin embargo, parecía que eso poco y nada le importaba al público, que se avalanchó contra la baranda y empezó a delirar en saltos, alaridos y aplausos.
La generacional ‘Today’ (de Siamese Dream, de 1993), tercera canción del setlist, estremeció a los fanáticos que aguardaban con ansias locas un hit noventero. El público enloqueció y como si fuera un himno, 6.000 almas coreaban “Today is the greatest day I've ever known”. Y como lo vaticinaba la composición de Corgan, la gente olvidó todo lo malo que ronda alrededor del Coliseo, como escenario para conciertos, y sentían que ese era el día más grandioso.
La conexión entre la multitud y la banda no se hizo esperar e inmediatamente después sonó ‘Ava Dore’, como para seguir delirando… Como para querer detener el tiempo o, mejor aún, como para querer regresar a los años maravillosos de los 90’s. Así mismo, el sonido también empezó a mejorar paulatinamente. O quizás nunca mejoró, sino fueron nuestros oídos rebeldes los que se negaban a dejar ir de este mundo el sonido sucio de las guitarras noventeras.
Corgan se desparramó en talento y, quizá, tratando de cubrir los vacíos que habían dejado sus compañeros de aventuras hace ya más de 12 años, hizo unos solos de guitarra memorables que quedarán grabados en la memoria del público capitalino.
Para llegar al clímax no hubo que esperar tanto, ‘Bullet With Buterfly Wings’, uno de los temas del Mellon Collide and the Infinite Sadness, CD que fue catalogado como el The Wall de los 90, sonó en el séptimo lugar, como si tan sólo fuera un presagio de la buena suerte (por el número 7). Corgan sentenciaba “The word is a vampire”. No hace falta describir el nirvana que alcanzó el público porque es sencillamente indescriptible. La marea humana era apenas un contentillo para darle de comer al alma… Y a los ojos de Billy.
Con esta nueva formación (la bajista Nicole Fiorentino, el guitarrista Jeff Schroeder y el baterista Mike Byrne, de... ¡20 años!), los Smashing Pumpkins evaden las sutilezas y los climas y apuestan a lo seguro, como demostró el tándem noventoso de ‘Cherub Rock’ y ‘Zero’.
El bueno de Billy acudió al manual del Rock de Estadio tocando su guitarra con los dientes y dio pie a una versión de ‘Moby Dick’ de Led Zeppelin que culminó con una gala de virtuosismo por parte de Byrne con un extenso solo de batería, con gong incluido.
Myke Byrne, durante su solo en ‘United States’ (incluida en Zeitgeist, 2007), al mejor estilo ‘Bonzo’, el fallecido baterista ex Led Zeppelin, rompió sus baquetas en un despliegue de buena energía… y talento, por supuesto. La ovación del público que coreaba “eh, eh, eh, eh, eh”, abalanzando sus manos de atrás hacia adelante, acompañaba al jovencito de 20 años, que lucía feliz y tal vez impresionado.
Las lágrimas llegaron sobre el final del concierto con versiones cercanas a sus grabaciones originales de ‘Stand Inside Your Love’ (del Machina/The Machines of God, 2000), ‘Tonight, Tonight’ (cuarto sencillo del Mellon Collide and the Infinite Sadness, 1996) y ‘Disarm’ (de Siamese Dream, de 1993), interpretada únicamente por Corgan y una pista de fondo.
La mayor ovación de los 6.000 asistentes llegó al culminar ‘Disarm’, y no fue fortuita porque se estaba aplaudiendo a una banda que marcó el rumbo de una toda una generación: La Generación X… La generación de los 90… La generación del Grunge y lo alternativo… Nuestra generación.
A las 9:40 p.m., se bajó el telón con ‘Heavy Metal Machine’ y el viaje en el tiempo acabó. 20 canciones había sido demasiado, pero a la misma vez muy poco. Los colombianos al fin vivimos nuestros ruidosos noventas.

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