miércoles, 18 de mayo de 2011

Cinco hábitos

Unos cuantos meses sin escribir en este blog que nadie lee. Pero no importa. Estoy de vuelta y ojalá sea para escribir más seguido y no cada seis meses. Esta semana estuve súper entretenido leyendo el blog de una twittera que admiro y respeto bastante. Ahí me encontré con una entrada que, en ese entonces (2006), se convirtió en una cadena entre bloggeros. Esa cadena es el título de esta entrada, que en mi caso no deberían ser cinco hábitos, sino cinco malos hábitos.

1. Soy noctámbulo: en mis 23 años de vida, que yo recuerde, desde que tengo uso de razón, siempre me gustó dormirme tarde. Cuando era niño, nunca podía dormirme antes de las 10 de la noche. Ahora, con unos cuantos años más, no puedo dormirme antes de las 11, a veces me dan las 12, la 1 de la mañana. Y cuando es fin de semana y no tengo que trabajar al otro día, me quedo hasta las 3 de la mañana. Además, a eso hay que agregarle que me encanta escuchar música a todo volumen. Y, por lo general, siempre disfruto de mi soledad.

2. Soy perezoso: tengo el horario invertido. Definitivamente, mi rendimiento es mucho mejor en las noches que en las mañanas. No nací con el chip del buen madrugador. Si madrugo es porque me toca (y eso que cuando digo "madrugar", hablo de levantarme a las 7:30 de la mañana), no por gusto. Los fines de semana me desquito durmiendo hasta las 11 de la mañana, o hasta el medio día. En mi época de desempleado, me acostaba a las 4 de la mañana y me levantaba al medio día. Lo peor para ustedes y lo mejor para mí es que lo disfruto.

3. Soy impuntual: difícilmente llegue a una cita a la hora que es. Cuando estaba en primaria siempre llegaba tarde. Mis papás consiguieron un permiso especial en mi colegio para que yo pudiera llegar 15 minutos después que mis compañeros. En este momento no recuerdo cuál era el argumento. Quizá el mismo de siempre: que soy muy perezoso. En secundaria, vivía a 3 cuadras del colegio, entraba a las 7 a.m., y siempre llegaba tarde. Siempre. Jamás pude llegar a las 7 en punto. Y sí, como es de suponerse, llego tarde al trabajo todos los días. ¿Saben a qué le cumplo una cita? A un partido de fútbol (sea por TV o en el estadio) y a una entrevista.

4. Me encantan los perros calientes: para mí no hay nada más rico que un buen perro caliente. Si es después de una rumba, mejor aún. Los perros calientes del Éxito en Neiva o Ibagué son los mejores. Y no me gustan los perros de Dogger. Me parecen malos, como la atención de sus meseros.

5. Escuchar música mientras el crepúsculo se cola por las cortinas de mi habitación: no todo podía ser malo. Uno de esos placeres sencillos y que disfruto al máximo es prender mi grabadora (tiene que ser música salida de emisora) al atardecer, apagar todas las luces, dejar entre abierta la cortina y acostarme en mi cama a escuchar música. Hace años disfrutaba escuchar Radioacktiva. Lo confieso. Ahora escucho La X o Radiónica.

Estos son mis cinco hábitos. En el quinto también aplica que todos los días cuando me levanto, prendo la radio y pongo Caracol.


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