De niño siempre tuve mi block blanco tamaño carta para dibujar y escribir todo lo que se me ocurriera. Los tiempos han cambiado: aún cargo con mis blocks, pero ahora, para decirle lo que pienso al mundo entero, utilizo este blog. Bienvenidos.
lunes, 6 de junio de 2011
Una colombianada a la mexicana
Desde que pisé suelo mexicano, todo se me hizo muy parecido a Colombia. Su gente, sus calles, sus trancones. Pero sólo hasta mi tercer día de estadía en México pude entender que la idiosincrasia de robar al prójimo es idéntica.
La historia es tan común que a usted se le hará familiar: me subí en un Taxi desde Polanco hasta la Plaza del Zócalo. Diga usted, ir desde la calle 116 con 7ma hasta la Plaza de Bolívar en Bogotá –y estoy siendo exagerado con las distancias–.
El caso es que me subí al taxi (no había taxímetro), me fui hablando amenamente con el señor taxista sobre mi vida en Colombia. Él insistía en llevarme hasta el Estadio Azteca para que lo conociera. Decía que era "muy cerca". Menos mal, yo de antemano sabía que estábamos como a 1 hora 30 minutos de distancia, sino hubiese perdido el vuelo de vuelta a Colombia. El taxista insistía con sus cordialidades de llevarme a X y Y sitio, pero yo le deje bien claro que quería ir sólo a la Plaza del Zócalo. Fin.
Cuando llegamos al Zócalo, el taxista me cobró la módica suma de $220 pesos mexicanos. Esta es la hora en que no sé bien cuánto es eso en pesos colombianos. Pero en ese momento sí me pareció algo costosa la carrera. Yo sólo fruncí el ceño y el señor me mostró un libro dejándome saber que el precio era correcto. (Sí, claro).
Me bajé, hice mi respectivo recorrido turístico, me devolví como unas 15 cuadras por la Avenida Reforma y tomé un taxi de vuelta al hotel. Esa carrera de vuelta al hotel me costó $37 pesos. Dije dentro de mí, "uy, me tumbaron, Echeverry" (pensando en el primer taxista).
Esta es la hora en la que todavía maldigo al señor del primer taxi. ¡Qué colombianada!
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